Mi primera venta: una casa, un crédito y una travesía


 

Mi primera venta: una casa, un crédito y una travesía

Mi primera venta inmobiliaria no fue sencilla. Tampoco fue una de esas operaciones en las que encuentras una propiedad, el cliente dice que sí y unos días después todo está firmado.

Fue una verdadera travesía.

Estábamos saliendo de la pandemia y, en ese momento, yo trabajaba en una inmobiliaria. Una de las cosas que hacía era publicar casas con financiamiento en Facebook. Un día me contactó una señora interesada.

Nada fuera de lo común.

Nos reunimos una tarde. Ella llegó junto a su esposo y conversamos sobre lo que estaban buscando. Sería su primera vivienda, así que les expliqué las opciones que tenían y, sobre todo, los requisitos para acceder al financiamiento de vivienda social.

Después de aquella reunión pasaron los días y no volvieron a comunicarse conmigo.

Pensé que quizá habían cambiado de opinión.

Pero un par de semanas después volvieron a llamarme.

Esta vez estaban decididos: querían comprar una casa.

Comenzamos a buscar diferentes opciones. Visitamos y revisamos propiedades en Ciudad Satélite, Villa Fátima, Miraflores y otras zonas. Ellos también buscaban por su cuenta, así que finalmente encontraron una casa que les gustó mucho en Villa Fátima.

Pero había un problema.

Tenían miedo de ser estafados.

Y decidieron ponerme a prueba.

Me propusieron que hiciéramos la operación sin que la inmobiliaria se enterara de la casa que habían encontrado.

Me negué.

Les expliqué que no podíamos hacerlo de esa manera. La inmobiliaria era parte de la operación y, además, trabajar formalmente representaba una garantía tanto para ellos como para mí.

Insistieron un par de veces.

Pero mantuve mi posición.

Finalmente decidieron continuar de manera formal y comenzamos con el trámite del financiamiento.

Ahí empezó la verdadera aventura.

Mi hermana trabajaba en una entidad financiera, así que acudimos a ella para iniciar el proceso. Comenzamos a reunir documentos, cumplir requisitos y solucionar los problemas que aparecían en el camino.

Y hubo un detalle curioso: hasta ese momento, yo ni siquiera sabía exactamente dónde estaba ubicada la propiedad.

Mi trabajo había comenzado con la búsqueda y el asesoramiento, pero ahora tenía que acompañar todo el proceso de compra.

Poco a poco fuimos resolviendo los obstáculos del financiamiento.

Hasta que finalmente nos dieron una fecha y una hora para realizar el desembolso y concretar la compra.

Parecía que ya estaba todo listo.

Pero apareció otro problema.

La propiedad pertenecía a varios hermanos y necesitábamos que todos participaran en el proceso. Eran siete.

Algunos vivían en otro departamento y otros incluso en otras provincias.

Conseguir que todos pudieran participar y completar la documentación fue otro desafío.

Pero también lo solucionamos.

Llegó el día.

Nos encontramos a primera hora de la mañana y comenzamos con todo el papeleo necesario para el desembolso y la transferencia.

Fuimos a la notaría.

Se realizaron los pagos correspondientes a los impuestos de transferencia.

Revisamos documentos.

Firmamos.

Esperamos.

Volvimos a revisar.

Y así continuamos durante horas.

Comenzamos aproximadamente a las 9 de la mañana.

Terminamos alrededor de las 5 de la tarde.

Ocho horas después, aquella pareja finalmente tenía encaminada la compra de su primera casa.

Y estaban felices.

Una semana después me contactaron para realizar el pago de mi comisión.

Y al día siguiente ocurrió algo que recuerdo especialmente.

Por primera vez conocí personalmente la propiedad que había ayudado a comprar.

Era una casa bastante bonita. Incluso tenía algunos ambientes que podían utilizarse posteriormente para un anticrético y así ayudar a aliviar parte de la carga del crédito.

Ahí entendí algo que no había aprendido publicando propiedades en Facebook.

Una venta inmobiliaria no consiste solamente en encontrar una propiedad.

Hay que generar confianza.

Hay que entender las necesidades del comprador.

Hay que conocer los procesos de financiamiento.

Hay que revisar documentación.

Hay que resolver problemas.

Hay que acompañar al cliente cuando las cosas no salen como estaban previstas.

Y, sobre todo, hay que mantener la transparencia incluso cuando sería más fácil tomar otro camino.

Esa fue mi primera venta.

Una casa en Villa Fátima, una pareja comprando su primera vivienda, siete hermanos que tenían que participar en el proceso, un financiamiento, una notaría y un día entero de trámites.

Fue una travesía.

Pero también fue una de las experiencias que más me enseñó sobre el trabajo inmobiliario.

Y, aunque en ese momento no lo sabía, aquella primera operación sería el comienzo de mi camino como agente inmobiliario.

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